Cayena se descubre a pie, con el oído y con el paladar. La capital de la Guayana Francesa no tiene la postal pulida de las Antillas: aquí las fachadas criollas se descascarillan al sol, el criollo se mezcla con el hmong y el bushinengue en los puestos del mercado, y un nuoc-mâm de bo bun convive con un caldo de awara. En dos días bien organizados se toma el pulso de esta ciudad mestiza antes de partir hacia las Islas de la Salvación, Kourou o el Maroni. Este es el itinerario que realmente preparamos para nuestros viajeros, probado temporada tras temporada.
Antes de salir: claves prácticas
Algunos fundamentos para responder a la pregunta qué hacer en Cayena sin sorpresas desagradables.
- Estatus y moneda: la Guayana Francesa es una región francesa de ultramar (DROM). Se paga en euros, el francés es la lengua oficial (el criollo guayanés está muy presente en el habla), y las redes móviles y la tarjeta bancaria funcionan como en la Francia metropolitana. Prefijo: +594.
- Diferencia horaria: -5 h en invierno y -6 h en verano respecto a París. Tenlo en cuenta para tus llamadas y tus vuelos.
- Mejor época: la estación seca, de mediados de julio a mediados de noviembre, es ideal para recorrer el centro sin chubascos tropicales. El resto del año sigue siendo practicable, simplemente más húmedo.
- Llegada: aeropuerto Félix-Éboué, en Matoury, a unos veinte minutos del centro de Cayena (calcula 20-30 € en taxi según la hora).
- Salud: la vacuna contra la fiebre amarilla es obligatoria para entrar al territorio. Anticípate con tu médico.
- Coche: para Cayena intramuros, dos días se hacen muy bien a pie. En cambio, en cuanto quieras moverte más allá (playas de Rémire-Montjoly, Kourou, marismas de Kaw), el coche se vuelve indispensable.

Día 1: el corazón histórico y criollo
Mañana — El mercado de Cayena
Empieza temprano, hacia las 7-8 h, por el mercado municipal (rue Sainte-Catherine). Es el vientre de la ciudad y el mejor resumen del mestizaje guayanés. Bajo la nave metálica, las vendedoras criollas ofrecen guindilla, calalú y fruta del pan; un poco más allá, la comunidad hmong propone sus verduras de huerta impecables; al fondo, los puestos de sopa phở y de bo bun no se vacían nunca. Un bol grande ronda los 8-10 € y aguanta hasta el almuerzo.
Sal con algunas especias locales, una bolsa de couac (sémola de mandioca) o un frasco de piment végétarien (guindilla suave): son los recuerdos para el paladar más auténticos y los más baratos.
Bueno saberlo: el mercado está más animado miércoles, viernes y sábado por la mañana. Evita el lunes, más tranquilo.
Final de la mañana — El fuerte Cépérou
A diez minutos a pie, sube a la colina del fuerte Cépérou, cuna de la ciudad fundada en el siglo XVII. Solo quedan vestigios y algunos muros, pero el lugar ofrece el panorama más bello sobre la rada, la desembocadura y los tejados de chapa del centro. El acceso es libre y gratuito. La subida es corta pero a pleno sol: se recomiendan gorra y agua.
Almuerzo — Cocina guayanesa
Baja de nuevo hacia el centro para probar un plato emblemático:
- Caldo de awara (si coincides con la temporada de Pascua);
- Colombo de pollo o fricasé de cabrito;
- Pescado a la parrilla con arroz y frijoles rojos.
Calcula 15-22 € por un plato abundante en un restaurante criollo del centro.
Tarde — Plazas y arquitectura criolla
La tarde está hecha para pasear. Tres etapas:
- La plaza des Palmistes: amplia explanada a la sombra de palmeras reales, punto de encuentro de los cayeneses al final del día. Bancos, quioscos, vendedores de jugo de caña.
- La plaza del Coq y las calles coloniales de alrededor: casas criollas con entramado de madera, balcones de madera labrada, contraventanas de colores. Aquí es donde se fotografía la verdadera Cayena.
- La catedral de Saint-Sauveur, bello ejemplo de arquitectura religiosa del siglo XIX.
Noche — Carbet y ambiente local
Al final del día, la plaza des Palmistes y las terrazas vecinas se animan. Prueba un ti-punch (con moderación) o un jugo de maracuyá fresco, y deja que baje el calor. Muchos de nuestros viajeros se alojan a pie del centro, justamente para disfrutar de este ambiente sin volver a coger el volante por la noche.
Día 2: naturaleza, playas y sabores
Mañana — Las playas de Rémire-Montjoly
A 15-20 minutos en coche del centro, Rémire-Montjoly alinea las playas más bonitas accesibles desde Cayena. La playa de Montjoly y el sendero del Rorota (circuito de aproximadamente 1 h 30, gratuito) combinan bosque, mirador y baño. En temporada, a veces se cruzan rastros de tortugas marinas que vienen a desovar: un espectáculo que hay que observar sin molestar.
Para saber: el océano aquí va cargado de limo (el Amazonas no está lejos), por lo que el agua es parduzca y no turquesa. Es normal, no es contaminación.
Almuerzo — Comida callejera y carbets a la orilla del mar
Al mediodía, juega la carta local y económica:
- Galettes y buñuelos de bacalao (accras) en un carbet de playa;
- Brochetas y pollo ahumado;
- Un helado artesanal de sabor tropical (jobo, maracuyá, coco).
Calcula 8-14 € para comer bien al paso.
Tarde — A elegir según tu ritmo
Según tu energía, dos opciones para cerrar estas 48 horas:
- Opción cultura: vuelta al centro para el museo de las Culturas Guayanesas o el museo departamental Franconie, perfectos para entender la historia del penal, de la búsqueda de oro y de los pueblos amerindios (entrada de unos pocos euros).
- Opción naturaleza: si te quedas algunos días más, es el momento de reservar una excursión hacia los imprescindibles fuera de Cayena, ver más abajo.
Aperitivo de despedida
Termina con una puesta de sol en el paseo marítimo, un planteur (ponche de ron) o un jugo de comou, y una última vuelta por el mercado si es día de apertura para llevarte tus especias.
